Hay gente tan tramposa y con tanta falta de valores que se pasa la vida entre engaños y trampas. Cuando se trata de engañar a un familiar es más grave aún.
Hay hijos que engañan a sus padres, algunos les roban hasta dejarlos en la indigencia. También se han dado casos que son los padres que para proteger a sus hijos (?) los dejan sin nada. Esta clase de prácticas también se dan entre hermanos, entre amigos.
¿Qué impulsa a la gente a aprovecharse de los demás no importándole que sean amigos o familiares? El egoísmo del poder, del dinero, de la posición social hace que se pierda la honestidad, la decencia, la honradez. También se han dado casos de llegar hasta el homicidio con tal de apropiarse de los bienes del fenecido.
El ser humano tiene una mente muy compleja, algunas personas no son muy equilibradas, no tienen pautas de conducta con unos límites determinados, no los pueden controlar; por lo tanto, en algún momento actúan de una forma que hasta ellos mismos se asombran de lo que hicieron una vez vueltos a la calma, a la conciencia.
Otros lo hacen con premeditación y alevosía. En estos casos ya llevan el mal en la sangre, en su mente perversa, también pueden ser atavismos.
Nos podemos preguntar, ¿hay alguna justificación para que una persona robe o engañe a otra? Tal vez por conseguir alimento para su supervivencia o la de sus hijos o por evitar un mal mayor. En ese caso hay un choque frontal entre la ética y la necesdad.
domingo, 3 de agosto de 2008
Atavismo indecente
Mi colina es mágica porque me encuentro cerca de la luna, de los rayos solares y del titileo de las estrellas. Ellos son simples, puros. No importa el tiempo que haya, ni si es verano o invierno, siempre son íntegros.
Me encuentro en mi colina mágica en estado sosegado en compañía de los pájaros, de la fresca brisa, del silencio omnipresente.
Aborrezco la mentira, el engaño, el aprovechamiento inmoral hacia los débiles. El querer pisar al que se deja, al que no protesta, o que no puede hacerlo.
Hay algunas sociedades que tienen sentimientos atávicos de salir del paso de cualquier manera, no importa si es a costa de los demás. La ecuanimidad, el decoro, el respeto hacia los demás, la imparcialidad, la honestidad importan muy poco.
Lo importante es aprovecharse desde la primera vez, no importa si ya luego no pueden hacer negocio y relacionarse con el perjudicado. No importa si le tachan de desconsiderado o de caradura. Siguen el refrán de que "el que da primero da dos veces"; yo diría mejor "el que se aprovecha del otro primero ya tiene algo ganado", aunque después pierdan todo.
Ejemplos de éstos hay muchos, como el que me vendió leña con engaño y luego regresó para que le comprara otra vez. O el que me pidió prestado cierta cantidad de dinero y no me pagó en las condiciones pactadas, y en otro momento volvió para lo mismo.
También se da el caso que uno ve cómo engañan a otro y más tarde quieren hacerlo con uno. ¡Ni que yo fuera tonto!
En realidad, no sé si es falta de decencia o es atavismo indecente. Siguen la norma de"sálvese quien pueda", aunque sea engañando a todo el que se deje.
sábado, 2 de agosto de 2008
Primeras pruebas
Una vez establecido en la habitación de la Clínica, Pancho reflexionaba:
-¿Cómo es posible que me afectara tanto esta patología, si hasta hace poco había estado pensando en lo bien que me encontraba.?- ¡No lo pudo entender!
Llevaba una vida sana, corría por la playa y por los montes. Practicaba toda clase de deportes, viajaba, estudiaba...
En medio de esa reflexión entró el doctor:
Francisco, antes de empezar las pruebas debo hacerle algunas preguntas.
-Edad, lugar de nacimiento, estado, hijos, opción sexual, fuma, bebidas alcohólicas, relaciones sexuales últimas, viajes recientes...
A todo le fue contestando detalladamente, mientras el doctor tomaba notas.
-Luego le haré unas cuantas preguntas más- le comentó el doctor a Pancho.
Una vez realizada la exhaustiva encuesta, llegaron unas bellas enfermeras que se lo llevaron para realizarle uns pruebas. Primeo un encefalograma, pruebas de rayos X, analíticas...
-Ahora descanse en su habitación, más tarde le haremos más pruebas.
Cuando Pancho volvió a su habitación el médico le estaba esperando.
-Perdone, Francisco. Unas cuantas preguntas más y termino con la encuesta.
-¿Qué síntomas ha tenido últimamente?
-Bueno, hace unas tres semanas tuve una gripe. Fui a mi médico y me dio dos días de descanso. Y al preguntarle yo si eran suficientes esos días para recuperarme, me dijo que sí, que los dos primeros días debía resguardarme en casa.
Así lo hice, después de esos dos días me reintegré al trabajo, pero pronto recaí con una gripe más fuerte. Fui a otro doctor y me dio cinco días de baja.
-¿Y cómo se ha encontrado usted últimamente?
-Yo me he encontrado muy cansado, casi no podía ni subir las escaleras para r a mi oficina en el segundo piso. Ante esto acudí a mi médico para que me mandara a realizar una analítica para determinar qué me estaba afectando.
-.¿Le realizaron los análisis?
-Efectivamente. Pero mi médico no encontró nada anormal en los resultados de la analítica.
Muchas gracias, Francisco, seguiremos estudiando para ver qué patología le aqueja.
El ataque
Pancho se encontraba acostado en su casa, en su dormitorio. Abrió los ojos y pudo observar que se encontraba rodeado de su esposa y de sus vecinos.
-¿Qué sucede aquí?- inquirió.
Su esposa le contesta:
-Pancho, estabas durmiendo y te dio un ataque de epilepsia. Me asusté y llamé a nuestros vecinos
Entonces me di cuenta que tenía todo el pijama orinado y la lengua sangrando, con una herida. Me había dado una gran mordida durante el ataque.
Al momento llamaron por teléfono de la Clínica comunicándonos que debía personarme urgentemente allí. Ya tenían la habitación dispuesta para mi ingreso.
-Debe venir pronto, todo está preparado para realizarle las primeras pruebas.
De mala gana Pancho se incorporó y le ayudaron a vestirse. Tomaron un taxi y llegaron a la Clínica.
En la consulta del médico
Pancho se encontraba en la camilla de la consulta del médico, el Dr Higuero.
-Cuénteme, Francisco, ¿qué le duele?- preguntó el médico.
-Me duele todo, doctor. No me puedo ni mover.
Después de un exhaustivo examen el doctor le comenta:
-Aprecio que tiene usted fiebre muy alta, por encima de 40º, tiene aftas en la boca, tiene todo el cuerpo hinchado. Lo encuentro a usted muy mal. Debe quedar ingresado, le debemos realizar muchas pruebas para determinar la patología que le aqueja. Voy a dar la orden de ingreso inmediato.
Una vez que el Dr Higuero se retiró, Pancho le dijo a su esposa:
-Yo me quiero ir para casa. Pide un taxi, por favor.
María, la esposa de Pancho, le contesta:
-¿No escuchaste que te tenías que quedar ingresado?
-No me importa lo que haya dicho. Quiero acostarme en mi cama. ¡Vámonos a la casa!
Ella lo ayudó a levantarse de la camilla y se dirigieron a la parada de un taxi.
-¡A Schamann, por favor!
El partido de tenis
Mi amigo Pancho era un deportista consumado, practicaba fútbol, tenis, baloncesto, atletismo. Le encantaba correr en la playa, bañarse, divertirse con los amigos...
Cierto día se encontraba participando en un campeonato de tenis, en cuartos de final, cuando empezó a sentirse mal. Ya últimamente le dolían las articulaciones y se encontraba con todo el cuerpo hinchado.
-Ya no puedo más, me encuentro fatal, perderé el partido y trataré de recuperarme.
Continuó el partido y viendo que podía ganarlo, hizo un esfuerzo supremo hasta terminar victorioso.
-Mañana es la semifinal. Seguro que perderé, entonces será hora de descansar.
Al día siguiente, a pesar de esforzarse el máximo, Pancho perdió el partido de semifinales.
Ya no podía con su cuerpo. Se encontraba exhusto, dolorido, todo el cuerpo hinchado.
Llegó a su casa y se acostó. Al momento su esposa le dijo:
-Seguro que tienes fiebre, estás todo rojo.
Ella le puso el termómetro y resultó tener 40º.
Inmediatamente lo llevó a la Clínica San Roque donde el médico al verlo le dijo:
-Lo encuentro a usted muy mal. Ahora mismo lo auscultaré.
Cierto día se encontraba participando en un campeonato de tenis, en cuartos de final, cuando empezó a sentirse mal. Ya últimamente le dolían las articulaciones y se encontraba con todo el cuerpo hinchado.
-Ya no puedo más, me encuentro fatal, perderé el partido y trataré de recuperarme.
Continuó el partido y viendo que podía ganarlo, hizo un esfuerzo supremo hasta terminar victorioso.
-Mañana es la semifinal. Seguro que perderé, entonces será hora de descansar.
Al día siguiente, a pesar de esforzarse el máximo, Pancho perdió el partido de semifinales.
Ya no podía con su cuerpo. Se encontraba exhusto, dolorido, todo el cuerpo hinchado.
Llegó a su casa y se acostó. Al momento su esposa le dijo:
-Seguro que tienes fiebre, estás todo rojo.
Ella le puso el termómetro y resultó tener 40º.
Inmediatamente lo llevó a la Clínica San Roque donde el médico al verlo le dijo:
-Lo encuentro a usted muy mal. Ahora mismo lo auscultaré.
viernes, 1 de agosto de 2008
Streap teese en Londres
Se encontraba Pepe disfrutando de la tranquilidad de la colina mágica cuando vio llegar a lo lejos el coche de su amigo Fernando que lo visitaba alguna que otra vez.
Estacionó el coche al pie de la colina y subió lentamente la cuesta hasta llegar a la casa de Pepe.
-Hola, amigo, ¿cómo estás?
-Bien, un poco cansado, pues he estado cultivando la tierra todos estos días.
Pepe invitó a su amigo a una copa de ron y a un enyesque de pejines asados.
-¿Qué se cuenta, Fernando?
-Acabo de llegar de Londres y vengo asombrado de cómo es esa gran capital.
-¿Y qué fue lo que más te llamó la atención?
-Visité tantos sitios bonitos e interesantes...Estuve en El Museo de Historia Natural, el Museo de Londres, el Hyde Park, Las Casas del Parlamento, Picadilly Circus, la Plaza de Trafalgar...
-Qué bien, amigo. Yo estuve también en Londres cuando representaba a mi padre en los negocios de tomates. ¡Había cada mujer!
-Bueno, ni te cuento. Una noche estaba aburrido en el Regent Hotel, en Picadilly, cuando se me ocurrió dar un vuelta. De pronto vi un bar y entré a tomarme una copa de coñac. Me sorprendió que sirvieran poquito. La casualidad que el camarero era español y le pregunté:
-Perdone, ¿cómo es que sirven tan poco?
-Como verá hay un dosificador y eso es lo que está establecido.
-Póngamelo doble, eso es lo que me sirve Peregrino en La Aldea.
Seguí paseando hasta que vi un anuncio de un espectáculo de streap teese de una pareja con terminación feliz.
-Me picó la curiosidad y entré al local bajando unas escaleras interminables. Pagué diez libras por la entrada y me senté en una mesa. Obsevé a unos cuantos señores que miraban ansiosos al escenario. Los camareros iban y venían. Me sorprendió que algunas personas se levantaban y se marchaban, aun sin empezar la sesión.
-Yo me quedé sorprendido y me preguntaba que cómo salían sin ver el espectáculo.
Al poco tiempo se aproximó un camarero y me espetó:
-Antes de que empiece el espectáculo debe usted consumir una copa.
-¿Cuánto cuesta esa consumición?
- Diez libras.
-¿Cómo? Eso es una exageración.
Al fin acepté con tal de ver algo que jamás habían percibido mis ojos.
Al rato regresó el camarero y me dijo:
-Señor, para poder ver el espectáculo debe consumir algo más.
-¿Cuánto cuesta esta vez?
-Veinte libras.
-Esto es un robo. Me marcho y avisaré a la policía.
Salí corriendo y los camareros detrás amenazándome con matarme.
-¿Denunciaste el hecho a la policía, Fernando?
-Quita, muchacho. Hablé con ellos, les conté el caso y me preguntaron.
-¿Cuánto le estafaron?
-Unas veinte libras.
-Agradezca usted, Señor, que no le quitaran más . Ha habido gente que ha perdido miles de libras y no sacaron nada con reclamar.
-Ay, Fernando, ¡lo que tiene uno que escuchar! No existe la formalidad, ni la decencia.
Y así pasaron la tarde los dos amigos charlando hasta que Fernando tuvo que despedirse para que no le cogiera la noche en la carretera.
Estacionó el coche al pie de la colina y subió lentamente la cuesta hasta llegar a la casa de Pepe.
-Hola, amigo, ¿cómo estás?
-Bien, un poco cansado, pues he estado cultivando la tierra todos estos días.
Pepe invitó a su amigo a una copa de ron y a un enyesque de pejines asados.
-¿Qué se cuenta, Fernando?
-Acabo de llegar de Londres y vengo asombrado de cómo es esa gran capital.
-¿Y qué fue lo que más te llamó la atención?
-Visité tantos sitios bonitos e interesantes...Estuve en El Museo de Historia Natural, el Museo de Londres, el Hyde Park, Las Casas del Parlamento, Picadilly Circus, la Plaza de Trafalgar...
-Qué bien, amigo. Yo estuve también en Londres cuando representaba a mi padre en los negocios de tomates. ¡Había cada mujer!
-Bueno, ni te cuento. Una noche estaba aburrido en el Regent Hotel, en Picadilly, cuando se me ocurrió dar un vuelta. De pronto vi un bar y entré a tomarme una copa de coñac. Me sorprendió que sirvieran poquito. La casualidad que el camarero era español y le pregunté:
-Perdone, ¿cómo es que sirven tan poco?
-Como verá hay un dosificador y eso es lo que está establecido.
-Póngamelo doble, eso es lo que me sirve Peregrino en La Aldea.
Seguí paseando hasta que vi un anuncio de un espectáculo de streap teese de una pareja con terminación feliz.
-Me picó la curiosidad y entré al local bajando unas escaleras interminables. Pagué diez libras por la entrada y me senté en una mesa. Obsevé a unos cuantos señores que miraban ansiosos al escenario. Los camareros iban y venían. Me sorprendió que algunas personas se levantaban y se marchaban, aun sin empezar la sesión.
-Yo me quedé sorprendido y me preguntaba que cómo salían sin ver el espectáculo.
Al poco tiempo se aproximó un camarero y me espetó:
-Antes de que empiece el espectáculo debe usted consumir una copa.
-¿Cuánto cuesta esa consumición?
- Diez libras.
-¿Cómo? Eso es una exageración.
Al fin acepté con tal de ver algo que jamás habían percibido mis ojos.
Al rato regresó el camarero y me dijo:
-Señor, para poder ver el espectáculo debe consumir algo más.
-¿Cuánto cuesta esta vez?
-Veinte libras.
-Esto es un robo. Me marcho y avisaré a la policía.
Salí corriendo y los camareros detrás amenazándome con matarme.
-¿Denunciaste el hecho a la policía, Fernando?
-Quita, muchacho. Hablé con ellos, les conté el caso y me preguntaron.
-¿Cuánto le estafaron?
-Unas veinte libras.
-Agradezca usted, Señor, que no le quitaran más . Ha habido gente que ha perdido miles de libras y no sacaron nada con reclamar.
-Ay, Fernando, ¡lo que tiene uno que escuchar! No existe la formalidad, ni la decencia.
Y así pasaron la tarde los dos amigos charlando hasta que Fernando tuvo que despedirse para que no le cogiera la noche en la carretera.
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