El domingo se celebraba el partido más importante del año, el de rivalidad con el otro equipo de la ciudad. Todos estaban en tensión. Llegó la hora del encuentro, el estadio era un hervidero de gente. En el campo se respiraba un ambiente muy caldeado, muchas fricciones y decisiones polémicas del árbitro. Faltaban cinco minutos para terminar y el resultado era de empate a cero. En ese momento el entrenador del equipo local hizo un cambio, dio entrada a Santiago que había estado soñando toda su vida con ese momento. Se encontraba muy excitado, como en una nube. En el último minuto se lanza un córner y Santiago se eleva sobre todos y conecta un certero cabezazo que entra por toda la escuadra. ¡Goooool! Sale corriendo a celebrarlo. Mira al cielo en acción de gracias. Entretanto, muchos jugadores corren locos de contento al centro del campo, celebrando también el gol. Entonces se da cuenta que sus compañeros se encuentran cabizbajos y es el equipo contrario el que lo estaba celebrando. ¿Qué ha sucedido? Al fin se percató: ¡Había marcado el gol en propia puerta!
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martes, 16 de noviembre de 2010
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