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jueves, 13 de diciembre de 2012

Maestro zen




Bankei era un maestro genial, pero era un hombre ordinario.

En una ocasión Bankei estaba trabajando en su jardín. Llegó un buscador, un hombre que buscaba un maestro, y preguntó a Bankei:

-Jardinero, ¿dónde está el maestro?

Bankei se rió y dijo:

-Espera. Atraviesa esa puerta, dentro encontrarás al maestro.

El hombre dio la vuelta y entró. Vio a Bankei sentado en un trono, era el mismo hombre que había visto fuera, o sea, el jardinero.

El buscador preguntó:

-¿Estás tomándome el pelo? Baja de ese trono. Lo que haces es sacrilegio, ¿es que no tienes respeto por tu maestro?

Bankei bajó, se sentó en el suelo y dijo:

-Bueno, ahora lo tienes difícil. No vas a encontrar a ningún maestro por aquí, porque soy el Maestro.

Al hombre le resulta difícil ver que un gran Maestro pudiera trabajar en el jardín, que pudiera ser ordinario. Se fue. No pudo creer que aquel hombre fuera el Maestro; perdió su oportunidad.

Cuando uno supera el ego, deja de tener miedo de “no ser nadie”.

Acepta ser lo que es en esencia y hace lo que tenga que hacer con un amplio sentido de libertad.


sábado, 6 de agosto de 2011

¡Cuánto tenemos que aprender de los maestros zen! (Cuento zen)


Conciencia plena

Después de diez años de aprendizaje, Tenno alcanzó el rango de profesor de Zen. Un día lluvioso, fue a visitar al famoso maestro Nan-in. Cuando entró, el maestro lo saludó con una pregunta: “¿Usted dejó sus zuecos de madera y paraguas en el pórtico?”. “Sí”, contestó Tenno.



“Dígame”, continuó el maestro, “¿usted colocó su paraguas a la izquierda de sus zapatos, o a la derecha?”. Tenno no supo la respuesta, y se dio cuenta que todavía no había logrado tener conciencia plena. Así que se convirtió en aprendiz de Nan-in y estudió con él durante diez años más.

¡Cuánto tenemos que aprender de los maestros zen!

lunes, 12 de julio de 2010

Cuento zen: El pastor distraído


Había un pastor que de repente contó sus ovejas y se dio cuenta, alarmado, de que faltaba una de ellas. Angustiado, comenzó la búsqueda durante todo el día, hasta que sobrevino la noche, pero no pudo encontrarla. Entonces pasó por allí otro pastor y le dijo:



-Oye, ¿cómo es que llevas una oveja sobre los hombros?


Como ese pastor negligente se comporta con frecuencia el ser humano común, porque no ha aprendido a discernir, porque no distingue entre lo real y lo ilusorio, entre el Yo y el No-Yo.


Él busca, pero su búsqueda es insatisfactoria, porque no busca lo que debe, ni donde debe buscar.

martes, 22 de junio de 2010

Cuento zen: En búsqueda de la luz




Una mujer se encontraba buscando algo junto a un farol. Pasó por allí un hombre y se paró curioso a observar a la mujer que buscaba y buscaba. Intrigado el hombre le preguntó:

-Buena mujer, perdona que me inmiscuya en tus asuntos, pero, ¿me podrías decir qué es lo que estás buscando?

Y la mujer contestó:

-Busco una aguja que perdí en mi casa, pero como allí no hay luz la busco aquí, junto a este farol.

Como esa mujer proceden muchos seres humanos, en lugar de buscar dentro de ellos (donde mora el verdadero gurú, el paraíso eterno, la respuesta), buscan fuera de ellos donde jamás lo encontrarán.

lunes, 3 de mayo de 2010

Cuento zen: En ese momento él se iluminó


Es sabido que Ananda era el más amable y cariñoso de todos los discípulos de Buda Gautama, él sirvió como su custodio personal durante los últimos veinte años, o más, que aquél vivió. Atendía las necesidades personales del Buda, en ocasiones lo representaba, memorizaba los discursos de Buda y repetía estos discursos en su ausencia, y además, le servía como mensajero. Bueno, tenía mucho que hacer, de hecho, no tenía tiempo para su propia práctica.
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Así, para la muerte de Buda, Ananda aún no había alcanzado la iluminación. Cuando Buda estaba agonizando, Ananda lloró, en vez de aceptar lo inevitable con tranquilidad, como las personas iluminadas tratan de hacer.
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Después que Buda muriera, Ananda tuvo tiempo para dedicar a su propia práctica. En aquella época otros de los principales discípulos de Buda organizaban el Primer Consejo Budista, una reunión de todos los monjes budistas para ordenar y consolidar todas las Enseñanzas de Buda.
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Ananda quería alcanzar la iluminación para cuando se efectuara este consejo. Así, cada día meditó estrictamente, pero el día anterior al consejo todavía no parecía estar siquiera cerca de su iluminación. Esa noche, Ananda lo intentó duramente, pero de todas maneras no conseguía llegar a ninguna parte. Ya era muy tarde, y al final se dijo: "Me relajaré y trabajaré para la iluminación después del consejo. No necesito apurarme ahora".
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Pensando así, se acostó para descansar. En el momento que su cabeza tocó la almohada, él se iluminó.
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domingo, 9 de noviembre de 2008

Conversión

A un grupo de sus discípulos que estaban tremendamente ilusionados con una peregrinación que iban a emprender, les dijo el Maestro:

"Llevad con vosotros esta calabaza amarga y aseguraros de que la bañáis en todos los ríos sagrados y la introducís en todos los santuarios por los que paséis".

Cuando regresaron los discípulos, la amarga calabaza fue cocinada y posteriormente servida como comida sacramental.

"Es extraño"- dijo con toda intención el Maestro después de haberla probado- "el agua sagrada y los santuarios no han conseguido endulzarla".
Cuento zen