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miércoles, 3 de diciembre de 2008

¡Qué concierto más espléndido!

Anteayer asistí a un maravilloso concierto. El inmenso teatro se encontraba en total silencio. El escenario preparado desde hacía unas horas. Los focos a media luz para no desconcentrar al grupo que iba a actuar. Yo me encontraba en primera fila, ansioso por el tiempo de espera, por la grandeza del momento, por la majestuosidad del lugar.

El escenario tenía como fondo unos enormes árboles nativos, con unas copas tan altas que acariciaban a la Luna, que estaba en cuarto menguante, y a los planetas Venus y Júpiter, que se encontraban en conjunción, muy cerca el uno del otro, y junto con la Luna formaban un triángulo isósceles en el nítido cielo estrellado.

De repente empieza el concierto. Primero suavemente, sólo unos pocos cantaban, mientras los otros observaban. Poco a poco subía el tono y la cantidad de voces que ascendían hasta perderse detrás de las más altas nubes. Emitían unos sonidos tan musicales, con tanta armonía, que quedamos prendados, nuestras almas vibraban con sus melodías.

Era el más grande concierto de pájaros que nunca había escuchado. En el silencio de la noche permanecimos largo tiempo escuchando, ellos no se cansaban de regalarnos sus canciones, sus solos, su magia.
Mi acompañante y yo les retribuimos con todo nuestro cariño y ellos, en agradecimiento, prometieron repetir el concierto al día siguiente.

Poco a poco se fueron apagando sus voces, pero no sus vibraciones positivas que todavía nos inundaban.

La Luna y los planetas se ocultaron detrás de las montañas, las estrellas se fueron a dormir y nosotros quedamos felices agradeciendo al Creador por tan maravilloso regalo en esta cálida noche de primavera.
Foto: Google

lunes, 22 de septiembre de 2008

Paseo por el lago Villarrica


En mi diario paseo por la ribera del lago, siempre me encuentro con algunos lugareños que se levantan temprano con la caña preparada para la pesca.

Hoy charlé con uno de ellos que siempre me saluda cordialmente. Me contó que estaba en paro y que por ese motivo se iba a pescar al lago y prosiguió:


-Todo está muy caro y lo que pesque sirve como ayuda para el sustento de mis padres, que ya son mayores.


-¿Sueles pescar mucho?- le pregunté.


-Casi todos los días pesco bastante, me da hasta para ahumar el salmón sobrante. Lo ahumo con maderas nativas y con ron, puesto que el whisky es más caro.- Y prosiguió- Con el sobrante del uso casero, lo vendo en la ciudad.
- ¿Tanto pescas?- inquirí.


-Sí. Antes pescaba aun más. Yo tenía una barca que ya se caía a pedazos- al mismo tiempo que me la señalaba.- Y continuó explicándome- Aquí cada año se repuebla con alevines de truchas y salmones. No ve que la pesca es un reclamo turístico.


-Eso está muy bien. Además, estás pescando con estas maravillosas vistas- le comenté.


-Cierto, yo amo tanto a este lugar que me quedaría aquí pescando durante toda la vida. Este es un sitio genial.

Al despedirme sacó de su cesta un buen salmón y me dijo:


-Tome, caballero, para que lo fría y se tome una cervecita ahora que ya hace calor.


Me despedí agradeciéndole su amabilidad.