Los indignados han salido de sus hogares, de sus cuevas y de sus nidos y se han echado a volar por pueblos y ciudades, ocupando avenidas, calles y plazas. Ya dejaron de ser pequeñas aves descontentas que sólo piaban al atardecer acompañadas por otros congéneres. Todo comenzó a golpe de mensajes en Facebook, Twitter y de móviles han formado una cadena de comunicación, y se concentraron a la voz de: ¡Nos vemos en la Puerta del Sol a las 05.00 p.m!
Estas personas decididas a cambiar el modelo de sociedad que nos ha llevado a la crisis, han constituido el Movimiento 15-M.
Han dejado de ser una masa oculta, callada y ciega y se han vuelto una poderosa fuerza que hace llegar su voz a la sociedad y principalmente a los políticos. Hay cosas que no entienden, como que los que originaron la crisis continúen ganando millones. Que a los bancos se les haya ayudado para solventar sus problemas económicos y que sigan obteniendo millonarios beneficios. Tampoco entienden que cada cierto tiempo se descubran hechos delictivos por corrupción entre los políticos, y esto hace que esta clase dirigente haya perdido su credibilidad, ni que la clase media y baja sean los que paguen la crisis. Nuestro país camina al relentí, pues no hay trabajo, salarios muy bajos por lo que el consumo cayó de forma ostensible, no hay créditos para las PYMES, por lo tanto, estas empresas han de cerrar o reducir drásticamente sus plantillas.
Como se ve, el panorama se presenta oscuro, de ahí que el Movimeinto 15-M, quiere hacer una llamada de atención a los políticos, a las instituciones y a la población en general, y que hay que hacer algo para que cambie el rumbo mediocre por otro lleno de fuerza, de ilusión, de transparencia en todos los sentidos y de cambios sociales, después de haber escuchado la voz del pueblo.
Actualmente los dirigentes políticos no saben qué hacer. Los indignados cada vez les presionan más y más, pero el nivel de maniobra no es mucha debido a la escasez de recursos, pero existen muchas posibilidades en asuntos políticos. El número de parados entre los jóvenes, los de larga duración, las personas de más de 50 años y las mujeres es dramático y no se observan indicios de solución a corto, ni mediano plazo, pero los indignados desean soluciones ya.
Esta misma corriente se ha extendido por muchos países de todos los continentes. En algunos de estos el 90% de la riqueza se concentra en las manos del 10% de la población, y el 90% restante padece hambre y carencia de los más elementales medios de supervivencia para poder vivir con dignidad. Asmismo, no tienen protección sanitaria y la educación es elitista y sólo pueden estudiar las clases privilegiadas, o los estudiantes se tienen que endeudar con préstamos de intereses abusivos, por los que tienen que pasarse toda su vida laboral pagándolos.
El Moviemiento 15-M ha convocado un debate alternativo sobre el Estado de la Nación a celebrar en la Puerta del Sol, en Madrid, los días 29 y 30 de este mes, en el que tratarán temas de Economía y Derechos Sociales, Política y Ciudadanía. Será un debate crítico y constructivo sobre los temas citados que son los que afectan a la mayor parte de la población.
También han acordado convocar un huelga general para protestar contra el decreto de reforma de negociación colectica que se convertirá en ley si nadie lo remedia.
Ojalá que esta corriente renovadora traiga nuevos vientos llenos de esperanza y de fe en el pueblo español. Que cada uno de los indignados, y de los que apuestan por ese movimiento, unan sus pensamientos, su fuerza y su ambición en el cambio y estoy seguro que por su labor en la sociedad y por la Ley de Atracción llegará esa transformación, no sólo a España, sino a todos aquellos que están luchando por la misma causa.
Todos queremos que España salga de la crisis, que se revitalicen las instituciones, que haya transparencia en la labor de los políticos, que los dineros públicos se gasten racionalmente y con cuentas claras, y por todo eso nosotros estamos a favor del Movimiento 15-M porque ¡Todos estamos indignados!
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sábado, 25 de junio de 2011
domingo, 12 de diciembre de 2010
Discurso de Vargas Llosa, Premio Nobel: "Elogio de la lectura y la ficción"
Mario Vargas Llosa pronunció su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010 que le concedió la Academia sueca de Estocolmo, en el cual hace un recorrido desde que empezó a escribir las primeras historias hasta hoy día en el que recoge tan importante galardón. Cuenta la dificultad de llegar a ser conocido en muchos países del mundo como lo son muchos y buenísimos escritores anónimos, habló de su Perú natal y de España, que lo acogió con los brazos abiertos y que sin esa circunstancia dificilmente hubiera llegado hasta donde se encontraba ahora, y del agradecimiento emocionado a su esposa. También hace una disección de su evolución ideológica y una condena a las dictaduras de cualquier índole y a los fanatismos religioso e ideológico.
Su lectura es un regalo para los amantes de la literatura.
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
Para leer el discurso completo:
http://estaticos.elmundo.es/documentos/2010/12/07/vargas_llosa.pdf
© FUNDACIÓN NOBEL 2010
Su lectura es un regalo para los amantes de la literatura.
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
Para leer el discurso completo:
http://estaticos.elmundo.es/documentos/2010/12/07/vargas_llosa.pdf
© FUNDACIÓN NOBEL 2010
domingo, 31 de octubre de 2010
Centenario del nacimiento de Miguel Hernández
Centenario del nacimiento de Miguel Hernández
El mar también elige puertos donde reír como los marineros.
El mar de los que son. El mar también elige puertos donde morir.
Como los marineros. El mar de los que fueron.
Miguel Hernández
Miguel Hernández, pastor de cabras y poeta, nació en Orihuela, provincia de Murcia, España, el 30 de octubre de 1910, por lo que celebramos hoy el Centenario de su Nacimiento.
Compartióla Residencia de Estudiantes en Madrid con Pablo Neruda, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Luis Cernuda; también se relacionó con otros escritores de la Generación del 27 como Rafael Alberti, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, entre otros.
Cuando estallóla Guerra Civil en España, en 1936, Miguel Hernández se alistó para defender a la Republica y la libertad. Fue hecho prisionero por las fuerzas de Franco y falleció de tuberculosis en prisión en 1942, a los 31 años de edad.
Miguel Hernández dedicó a su amigo Ramón Sijé la más hermosa y conmovedora elegía jamás escrita sobre la muerte y la vida.
Compartió
Cuando estalló
Miguel Hernández dedicó a su amigo Ramón Sijé la más hermosa y conmovedora elegía jamás escrita sobre la muerte y la vida.
ELEGÍA
En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo
Ramón Sijé, a quien tanto quería.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
(De su libro El rayo que no cesa)
10 de enero de 1936
De él escribió Vicente Aleixandre:
«Era puntual, con puntualidad que podríamos llamar del corazón. Quien lo necesitase a la hora del sufrimiento o de la tristeza, allí le encontraría, en el minuto justo. Silencioso entonces, daba bondad con compañía, y su palabra verdadera, a veces una sola, haría el clima fraterno, el aura entendedora, sobre la que la cabeza dolorosa podría reposar, respirar. Él, rudo de cuerpo, poseía la infinita delicadeza de los que tienen el alma no sólo vidente, sino benevolente. Su planta en la tierra no era la del árbol que da sombra y refresca. Porque su calidad humana podía más que todo su parentesco, tan hermoso con la Naturaleza.
Era confiado y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos. No se le apagó nunca, no, ni en el último momento, esa luz que por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos.» (En La Obra Poética de Miguel Hernández, de José Antonio Serrano Segura)
Es interesantísimo leer en Orihuela Digital, Punto de Vista, Mi rincón oriolanao, que escribe Ramón Fernández Palmeral, escritor, poeta e investigador: Introducción a la elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández). Lo recomiendo a los amantes de la Literatura y de la Historia.
http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/ramon_fernandez_ramon_sije_201205.htm
Es interesantísimo leer en Orihuela Digital, Punto de Vista, Mi rincón oriolanao, que escribe Ramón Fernández Palmeral, escritor, poeta e investigador: Introducción a la elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández). Lo recomiendo a los amantes de la Literatura y de la Historia.
http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/ramon_fernandez_ramon_sije_201205.htm
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Miguel Hernández
miércoles, 27 de octubre de 2010
Primer Campeón de España de Siesta: El Ecuatoriano Pedro Sosa
A muchos extranjeros, al pensar en España, les viene a la mente "el flamenco", "la paella". "los toros", "Gasol", "Nadal", "Fernando Alonso", "Campeona del Mundo de Fútbol" y también "la siesta". Esta es un corto período de tiempo, entre 15 y 30 minutos de descanso después de almorzar. Nos sirve para reponer fuerzas con el fin de continuar el trabajo con más energía y ánimo por la tarde.
El periódico EL PAÍS da cuenta que el ecuatoriano Pedro Sosa, nacido en Quito, de 62 años, salió ganador del Primer Campeonato de Siesta, celebrado en Madrid. El jurado valoró el "arte del sueño" puntuando los items siguientes: "su capacidad para dormirse, su postura, su atuendo, su calidad y nivel de sus ronquidos" (de 70 decibelios.)
Yo les aseguro que una buena siesta, de no más de 30 minutos, deja a uno en muy buena disposición de ánimo para continuar el trabajo. Hay gente que prolonga la siesta hasta dos horas y a otros les hace daño si se descansa a continuación de la comida. Cada uno se va regulando el tiempo y el momento de hacerla, puesto que algunos necesitan más o menos tiempo y otros esperan un buen rato después de almorzar.
Para leer el artículo de EL PAÍS:
http://www.elpais.com/articulo/gente/tv/ecuatoriano/Pedro/Soria/gana/primer/
campeonato/Espana/siesta/elpepugen/20101027elpepuage_3/Tes
Foto: HelloCrazy.com
jueves, 7 de octubre de 2010
Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura 2010
El escritor peruano, nacionalizado español desde 1993, manteniendo desde entonces la doble nacionalidad, ha sido galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2010. Anteriormente ya había ganado todos los Premios hispanos, entre otros: el Rómulo Gallegos, el Príncipe de Asturias de las Letras, el Planeta y el Cervantes.
Autor de novelas como La ciudad y los perros, Pantaleón y las visitadoras, Conversaciones en la catedral y La fiesta del chivo, además de muchas otras de gran categoría.
Este prolífico escritor también se dedicó al periodismo como columnista, publicando en periódicos de diferentes partes del mundo.
Optó a la Presidencia de Perú en 1990, aunque era favorito de todas las encuestas, fue derrotado sorpresivamente en segunda vuelta por Alberto Fujimori, por ser mal asesorado en importantes posicionamientos a última hora.
Este premio de Vargas Llosa, que es a su vez un reconocimiento a la lengua española, se une a los obtenidos por García Márquez, Pablo Neruda, Octavio Paz, Gabriela Mistral, Camilo José Cela, Miguel Ángel Asturias, Vicente Aleixandre, Echegaray, Juan Ramón Jiménez y Jacinto Benavente. Los citados en rojo son los premiados de Hipanoamérica
Si deseas leer un adelanto de su nueva novela "El sueño del celta", que saldrá a la venta el día 3 de noviembre, editado por Alfaguara, puedes entrar en la página indicada más abajo, cortesía del periódico El Pais:
http://www.elpais.com/elpaismedia/ultimahora/media/201010/07/cultura/20101007elpepucul_2_Pes_PDF.pdf
martes, 31 de marzo de 2009
Te saludan las Islas Canarias

Te saludamos los canarios de las Islas Canarias. Islas que se encuentran bordeando la costa de Marruecos hacia el sur, frente del Sáhara.
Te saludan las islas más orientales, Lanzarote y la más próxima al continente africano, la isla de Fuerteventura, sólo cien kilómetros la separan de África, pero mucha distancia para los cayucos que cruzan hasta llegar al primer mundo, en busca de nuevos horizontes. Lamentablemente, algunos quedan en el mar, jugando con los delfines, camino a la eternidad.
Son siete islas que te saludan, las dos mayores, Tenerife y la isla redonda, la de Gran Canaria.
Te saludan las islas más orientales, Lanzarote y la más próxima al continente africano, la isla de Fuerteventura, sólo cien kilómetros la separan de África, pero mucha distancia para los cayucos que cruzan hasta llegar al primer mundo, en busca de nuevos horizontes. Lamentablemente, algunos quedan en el mar, jugando con los delfines, camino a la eternidad.Te saludan también las islas de el Hierro, la más occidental del archipiélago canario, que en un tiempo fue el Meridiano 0, hasta que los ingleses lo cambiaron por el de Greenwich; y la de la Gomera, llamada Colombina, pues desde allí zarpó Colón para descubrir América.
Y, por último, te saluda, la isla de La Palma, o Isla Bonita, con su majestuoso Parque Nacional de la Caldera de Taburiente.
También te saluda la Graciosa, el mayor de los islotes del archipiélago Chinijo.
Te saludamos con mucho cariño y te damos la bienvenida al país de tu padre y de tus abuelos.
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Dedicado a Nerina, amiga argentina, que obtuvo recientemente la nacionalidad española, a quien felicitamos de corazón.
Fotos tomadas de la red
domingo, 14 de septiembre de 2008
A la sombra de un pino me senté
Pinos canariosHoy es sábado. He dispuesto pasarme el día en mi colina, tranquilo, dejando de lado las preocupaciones y la labor cotidiana . Sólo subo con un ligero equipaje, una mochila con agua y algo de fruta.
El día es luminoso, cálido, desde temprano el sol estaba radiante. Una ligera brisa refrescaba el ambiente.
Me siento al lado de un árbol, un pino canario. Percibo sus latidos, me imagino la savia que corre por sus vasos conductores, el alimento que transporta, el agua y minerales.
Me imagino que es un pino muy longevo, tiene el tronco muy grueso y unos treinta metros de altura.
Le hablo con cariño, él me escucha agradecido. Lo noto más frondoso, más verde, más radiante, como si fuera el efecto de mis palabras.
Me acuesto un rato a su sombra, siento un fresco muy agradable. En las altas ramas observo las piñas verdes que se convierten en marrones con el paso del tiempo. Recojo del suelo una de éstas, la toco, su textura es suave; la huelo, huele a campo, a pino, al polvo del camino.
De esta forma permanezco horas, en pleno contacto con la Naturaleza. Me siento muy tranquilo, feliz, absorto tomando la energía del Universo.
Avanzada la tarde, empieza a refrescar, y yo, con los pulmones limpios por el aire puro del campo y mi alma purificada por las inefables sensaciones de bienestar, de paz y de comprensión con el medio, decido bajar de la montaña mágica y volver a la realidad cotidiana, pensando en no dejar la esencia de la Naturaleza que llevo impregnada en mi corazón.
Hoy fui muy feliz en mi colina mágica.
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