Yo junto al lago Villarrica, La Araucanía, Chile.Hoy es el día, cumplo 62 años. ¿Son pocos o son muchos? Pienso que son suficientes para vivir todo lo que he vivido. Tuve una buena infancia. Mis padres me educaron bien, con mucho amor, y no tuve traumas importantes. Me dedicaba a jugar y a pasarlo lo mejor posible. Y el tiempo restante lo dedicaba a estudiar, puesto que había que prepararse para la vida y para formar una familia.
Me enamoré varias veces. Sufrí por amor e hice sufrir por lo mismo. Me casé y tuvimos tres hijos maravillosos y cada uno buscó su camino.
La vida me parecía interesante, disfrutaba del trabajo, de las vacaciones, haciendo deportes y observando la naturaleza.
Cuando contaba 45 años enfermé gravemente y después de una larga recuperación volví a la vida. Desde entonces mi vida cambió.
Disfruté de cada día de mi vida como nunca antes lo había hecho, me ayudó a esta transformación la asistencia durante dos años a un grupo Hindú y a otro Zen en Las Palmas de Gran Canaria, a pesar de que estuve durante varios años en busca de la verdad y de mi camino de forma totalmente autodidacta, no lo conseguí hasta asistir a esos dos grupos.
Luego conocí a Marysol que fue la que complementó mi vida de tal forma que ahora me encuentro en el sendero de la paz, de la armonía y de la plenitud. No obstante, el camino nunca es totalmente llano y tengo que estar perseverando cada día para no desviarme de la senda que me he marcado.
A lo largo del camino cometo errores, pero he de rectificar, caigo en profundos pozos, pero tengo que salir de ellos con más entusiasmo, debo ser más comprensivo y darme cuenta de la debilidad humana, tengo que perdonar al que me ofende, puesto que nadie es perfecto, más solidario con los desfavorecidos y ser compasivo con los que sufren.
Doy infinitas gracias a Dios por estos años de gracia que me ha concedido. En este tiempo he podido disfrutar del desarrollo personal y profesional de mis hijos, de increíbles viajes a distintos países, de hacer el camino de Santiago con unas experiencias espirituales excepcionales, de un nuevo y definitivo amor, de vivir en un paraíso durante cinco años, como es La Araucanía, en el sur de Chile.
¿Qué me tiene reservada la vida en un futuro? Sólo le pido que me dé salud, amor y armonía espiritual para poder disfrutar en paz y tranquilidad cada día que me quede por vivir, pero tengo muy claro que tengo que estar preparado para cuando llegue el momento de la despedida. No temo a la muerte, pues es nuestra compañera inseparable. En ese momento daré gracias a Dios por todo lo que me ha concedido en esta vida, pues ha sido más de lo que hubiera esperado.
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