Hoy 13 de octubre a las 22.34 horas salió a la luz Luis Urzúa, el último minero de la mina San José, a
Todos los mineros fueron recibidos con abrazos, cantos y mucha emoción por las autoridades, familiares, prensa y los que se habían reunido para darles la bienvenida. Todos, con el Presidente Piñera a la cabeza, dieron gracias a Dios porque se había producido el milagro de sacarlos con vida.
Desde el primer momento, cuando se produjo el derrumbe, el país se sumió en la pena por la tragedia, pero ni las familias, ni las autoridades, ni el resto del pueblo chileno perdieron la fe, ni la esperanza de encontrarlos con vida. Desde entonces se iniciaron las labores de localización y búsqueda de los trabajadores, con el apoyo de familiares y amigos de los sepultados, en Campamento Esperanza, justo al lado de la mina.
El día 22 de agosto se tuvo contacto con los mineros por medio de una sonda, por la cual enviaron un papel que decía: ESTAMOS BIEN EN EL REFUGIO LOS 33” . A partir de ese momento la fe y la esperanza crecieron en todo el pueblo chileno y se unieron como una piña, como ellos saben hacerlo. Producen una energía y unas vibraciones que se extienden por todo el mundo. Si desde el principio la noticia de la catástrofe en una mina chilena había conmovido al mundo, después de saber que se encontraban con vida, todos siguieron al minuto el proceso de su rescate. Las televisiones y prensa escrita de todos los países desplazaron a sus corresponsales a la mina para informar con detalle de todos los pasos del rescate y de las incidencias que se produjeran.
La energía del mundo entero se unió a la del pueblo chileno hasta culminar con éxito la operación San Lorenzo, en el rescate de los 33.
Gobernantes de todo el mundo se unieron con Chile, por medio de sus Presidentes o Primeros Ministros, con telegramas y llamadas telefónicas a Piñera. Y se calcula que más de 1.000 millones de televidentes siguieron el rescate por televisión.
En estos momentos el pueblo chileno se encuentra en la calle celebrando la fiesta del rescate de todos los mineros sepultados.
Y continúan cantando en sus casas, en plazas y en las calles, con flamear de banderas, la canción que se cantaba en el campamento desde el primer día, que resalta la fe y la esperanza, y en este momento la alegría y la conciencia de un pueblo unido ante la adversidad:
Chi- chi- chi
Le – le – le
Los - mi- ne – ros
de Chi – lé.
Este pueblo es el más clasista de Latinoamérica, como dice Elizabeth Subercaseaux, en su novela “Vendo casa en el barrio alto”. Y este clasismo de arriba abajo, y de abajo arriba, produce resentimiento, dice la novelista chilena. Pero ante una catástrofe de esa naturaleza se une todo el país y arriman el hombro todos: desde el Presidente hasta el más humilde ciudadano.
Lo mismo sucedió con el terremoto del pasado 27 de febrero de este año, de 8.8 en la escala de Richter, con el posterior tsunami: se unió el país en la reconstrucción y puesta en marcha de la vida y la economía de Chile, después de la devastadora catástrofe.
El Presidente, en el discurso que puso fin a la operación San Lorenzo, manifestó: “Dios no nos pone nunca una prueba tan fuerte que no la podamos enfrentar”. El recio pueblo chileno es orgulloso de sus instituciones, de su bandera, de su himno, de su historia y de su idiosincrasia.
Una enseñanza se debería sacar de este accidente: hay que mejorar la seguridad en todas las minas. Precisamente esto fue lo que le pidió Urzúa a Piñera: "Presidente, espero que esto nunca más vuelva a ocurrir".








