Nuestra mente dirige nuestra vida. Los pensamientos vienen y van de un lugar a otro, o reproducen hechos, o elaboran proyectos que nos alegran, o nos entristecen, o bien pasan desapercibidos y no nos crean ninguna emoción.También desde el exterior nos activan la mente, muchas veces preocupándonos de forma innecesaria y otras nos la alteran de forma brutal.
Me viene a la mente toda la información relativa a la gripe A1N1, o nueva gripe, que nos proporcionan diariamente los telediarios. Cada día citan el número de infectados o casos de muerte por esta enfermedad, infinitamente menor que los causados por la gripe normal, por accidentes o por infartos de miocardio. Es como una obsesión, produciendo una psicosis entre la población
Podría enumerar muchos casos en que nos perturban la vida con alarmas justificadas o no, que enturbian nuestra mente y por ende, nuestra calidad de vida. Con pensamientos contaminados, nos encaminamos hacia la muerte de nuestro espíritu.
Todo lo que vemos y escuchamos, lo matizamos con nuestras experiencias o enseñanzas de toda la vida. Si controláramos la mente de tal forma que cuando viéramos algo sólo percibiéramos eso, sin pasarlo por los filtros anteriormente citados, tendríamos una mente limpia que nos ayudará a recorrer el camino de la vida sin la pesada carga de los prejuicios que tanto perturban nuestro ser.
Debemos controlar nuestra mente para conseguir la felicidad. Con pensamientos puros, la felicidad nos acompañará durante toda la vida. Con esfuerzo, control, fe y práctica diaria podemos conseguir una mente fiel a lo que nosotros pretendemos: la inmortalidad del alma.
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Foto tomada de la red







