...............................................................................Drako
Drako es un pastor alemán de casi dos años de edad. Es fuerte, de carácter juguetón y buen cuidador.
En la última visita al veterinario, dejamos el aviso de que él deseaba conocer a una perrita pastor alemán para iniciar una relación y, si fuera posible, conseguir descendencia.

Ámbar
Lo llamaron varias interesadas, pero se decidió por Ámbar, una perrita de 4 años que ya había tenido una camada de preciosos cachorros con Boston, un hermoso pastor alemán de manto negro con el que mantuvo una relación estable, ya que vivían juntos desde pequeños. Lamentablemente éste había fallecido y la había dejado sola.
Cuando vio la foto en la veterinaria se quedó prendada de Drako por su magnífica estampa y por tener el mismo manto negro que Boston.
Al principio empezaron a olerse mutuamente para hacer las correspondientes presentaciones. Movían sus colas en señal de alegría por el encuentro. Drako intentaba conquistar a Ámbar oliendo su hocico y sus orejas, pasando a lamerlas seguidamente.
Cuando él creía que ya estaba preparada intentó montarla, pero ella reaccionó con enfado intentando enseñarle los dientes, y como él continuaba con el acoso, dio tres ladridos seguidos con unos intentos de mordidas para tratar de frenarlo en sus ímpetus. A él no le importaba su actitud y continuaba intentando camelarla y "llevarla al huerto". Pero ella de ninguna forma permitía avanzar en la relación. Como no había avenencia, convinieron en pasar la noche juntos en el canil de él.
Drako, en señal de cariño, le cedió su casa y él ocupó la de los invitados. A media noche él se acercó a ella, pero Ámbar con dos ladridos de reprobación le dejó claro que quería dormir tranquila. A la mañana siguiente, Drako se levantó temprano y se quedó observándola desde un rincón del canil, mientras ella lo miraba detenidamente. Pasada una media hora, ella salió de su caseta, se estiró y se atusó un poquito, por lo que Drako se le acercó y le lamió su hocico. Ella aceptaba sus caricias, pero cuando intentó montarla, ella se negó en redondo.
A media mañana fueron de paseo al campo, donde saludaron a unos quiltros, perros sin raza definida, que jugueteaban en un prado y luego continuaron hasta llegar a un sitio tranquilo. Allí Drako volvió a la carga, pero Ámbar no aceptaba la monta. Después de unos tira y afloja, decidieron dejarlo. Tal vez en otro momento habría más entendimiento. O quizás ellos pudieran encontrar otra pareja que les dejara más satisfechos y conseguir tener, finalmente, descendencia.
Fotos Juan Antonio
02, Octubre, 2009







