Mostrando entradas con la etiqueta Los 33 mineros de Chile. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Los 33 mineros de Chile. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de octubre de 2010

Neruda y los mineros de Chile

La desgracia de los mineros de Chile viene de muy lejos. Ya en 1947, Pablo Neruda denunciaba ante el Senado la situación de aquéllos:

¿Cómo es posible, Sr. Presidente,
tolerar que nuestros compatriotas estén
 entregados a esta explotación ignominiosa?

Nuestro poeta universal dedicó un poema de su Canto general a los mineros chilenos:

El Maestro Huerta (De la mina “La Despreciada”, Antofagasta)*

Cuando vaya usted al Norte, señor,
vaya a la mina “La Despreciada”,
y pregunte por el maestro Huerta.
Desde lejos no verá nada,
sino los grises arenales.
Luego, verá las estructuras,
el andarivel, los desmontes.
Las fatigas, los sufrimientos
no se ven, están bajo tierra
moviéndose, rompiendo seres,
o bien descansan, extendidos,
transformándose, silenciosos.
Era “picano” el maestro Huerta.
Medía 1.95 m.
Los picanos son los que rompen
el terreno hacia el desnivel,
cuando la veta se rebaja.
500 metros abajo,
con el agua hasta la cintura,
el picano pica que pica.
No sale del infierno sino
cada cuarenta y ocho horas,
hasta que las perforadoras
en la roca, en la oscuridad,
en el barro, dejan la pulpa
por donde camina la mina.
El maestro Huerta, gran picano,
parecía que llenaba el pique
con sus espaldas. Entraba
cantando como un capitán.
Salía agrietado, amarillo,
corcovado, reseco, y sus ojos
miraban como los de un muerto.
Después se arrastró por la mina.
Ya no pudo bajar al pique.
El antimonio le comió las tripas.
Enflaqueció, que daba miedo,
pero no podía andar.
Las piernas las tenía picadas
como por puntas, y como era
tan alto, parecía
como un fantasma hambriento
pidiendo sin pedir, usted sabe.
No tenía treinta años cumplidos.
Pregunto dónde está enterrado.
Nadie se lo podrá decir,
porque la arena y el viento derriban
y entierran las cruces, más tarde.
Es arriba, en “La Despreciada”,
donde trabajó el maestro Huerta.

*Canto General II: XII

(Tomado de La pupila insomne)


Desde entonces han pasado 11 Presidentes de la República y todavía la situación de los mineros continúa igual. Este país ha pasado a ser un país respetado y admirado en todo el mundo. Posee una economía saneada y un elevado crecimiento, pero la riqueza está muy mal repartida. Según Dante Contreras, de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad de Chile, en un artículo sobre la Distribución de la riqueza en Chile decía: "Este país tiene una de las economías con mayor desigualdad en el mundo".
El Presidente Piñera tiene por delante el reto de mejorar las condiciones de trabajo de los mineros. Asimismo, hay otras asignaturas pendientes en el país:
1. Redistribución de la riqueza que supone mejores condiciones de vida, de educación, salud y bienestar para todos los ciudadanos, tendiendo a una Sanidad y Educación universales.
2. Sentar unas bases sólidas para solucionar el conflicto con el pueblo mapuche.

Chile ha demostrado que es capaz de afrontar todos los retos, por muy difíciles que sean, ya que trabajan todos unidos, con esfuerzo y decisión en pos de un objetivo común. Éste también lo conseguirán, si se lo proponen.

jueves, 14 de octubre de 2010

Los 33 mineros salvados: Chile es una fiesta



Hoy 13 de octubre a las 22.34 horas salió a la luz Luis Urzúa, el último minero de la mina San José, a 30 Km. de Copiapó, en el norte de Chile, que había sufrido un derrumbe el 5 de agosto.
Todos los mineros fueron  recibidos con abrazos, cantos y mucha emoción por las autoridades, familiares, prensa y los que se habían reunido para darles la bienvenida. Todos, con el Presidente Piñera a la cabeza, dieron gracias a Dios porque se había producido  el milagro de sacarlos con vida.
Desde el primer momento, cuando se produjo el derrumbe, el país se sumió en la pena por la tragedia, pero ni las familias, ni las autoridades, ni el resto del pueblo chileno perdieron la fe, ni la esperanza de encontrarlos con vida. Desde entonces se iniciaron las labores de localización y búsqueda de los trabajadores, con el apoyo de familiares y amigos de los sepultados, en Campamento Esperanza, justo al lado de la mina.
El día 22 de agosto se tuvo contacto con los mineros por medio de una sonda, por la cual enviaron un papel que decía: ESTAMOS BIEN EN EL REFUGIO LOS 33”. A partir de ese momento la fe y la esperanza crecieron en todo el pueblo chileno y se unieron como una piña, como ellos saben hacerlo. Producen una energía y unas vibraciones que se extienden por todo el mundo. Si desde el principio la noticia de la catástrofe en una mina chilena había conmovido al mundo, después de saber que se encontraban con vida, todos siguieron al minuto el proceso de su rescate. Las televisiones y prensa escrita  de todos los países desplazaron a sus corresponsales a la mina para informar con detalle de todos los pasos del rescate y de las incidencias que se produjeran.
La energía del mundo entero se unió a la del pueblo chileno hasta culminar con éxito la operación San Lorenzo, en el rescate de los 33.
Gobernantes de todo el mundo se unieron con Chile, por medio de sus Presidentes o Primeros Ministros, con telegramas y llamadas telefónicas a Piñera.  Y se calcula que más de 1.000 millones de televidentes  siguieron el rescate por televisión.
En estos momentos el pueblo chileno se encuentra en la calle celebrando la fiesta del rescate de todos los mineros sepultados.
Y continúan cantando en sus casas, en plazas y en las calles, con flamear de banderas, la canción que se cantaba en el campamento desde el primer día, que resalta la fe y la esperanza, y en este momento la alegría y la conciencia de un pueblo unido ante la adversidad:
Chi- chi- chi
Le – le – le
Los - mi- ne – ros
de Chi – lé.
Este pueblo es el más clasista de Latinoamérica, como dice  Elizabeth Subercaseaux, en su novela “Vendo casa en el barrio alto”. Y este clasismo de arriba abajo, y de abajo arriba, produce resentimiento, dice la novelista chilena. Pero ante una catástrofe de esa naturaleza se une todo el país y arriman el hombro todos: desde el Presidente hasta el más humilde ciudadano.
Lo mismo sucedió con el terremoto del pasado 27 de febrero de este año, de 8.8 en la escala de Richter, con el posterior tsunami: se unió el país en la reconstrucción y puesta en marcha de la vida y la economía de Chile, después de la devastadora catástrofe.
El Presidente, en el discurso que puso fin a la operación  San Lorenzo, manifestó: “Dios no nos pone nunca una prueba tan fuerte que no la podamos enfrentar”. El recio pueblo chileno es orgulloso de sus instituciones, de su bandera, de su himno, de su historia y de su idiosincrasia.
Una enseñanza se debería sacar de este accidente: hay que mejorar la seguridad en todas las minas. Precisamente esto fue lo que le pidió Urzúa a Piñera: "Presidente, espero que esto nunca más vuelva a ocurrir".