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miércoles, 26 de febrero de 2014
Encuentro en Maspalomas, Gran Canaria. (Relato corto)
Playa de Maspalomas, Gran Canaria, España.
Se habían citado por Facebook en el Faro de Maspalomas tres semanas antes. Petra, de Alemania; Alberto, de Argentina.
Al verse se abrazaron largamente, caminaron por las dunas, se internaron en ellas...
Llegó la noche, luego el día, se bañaron largamente entre risas. Volvieron a las dunas. Llegó la noche, el día, de nuevo la noche, y también el día. Al final, cada uno regresó a su lugar de origen: se habían dicho todo.
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sábado, 18 de diciembre de 2010
Piedra milenaria, piedra ancestral
Piedra milenaria, acompañada de la soledad
observas el cielo de luz y de color con esmero
y las viejas y cálidas montañas, ilustres compañeras
que como las rocas han recorrido tu mismo sendero.
Piedra ancestral, te elevas enhiesta hacia el cielo
fuerte y esbelta en la frágil estructura del universo
te ves bella en el fascinante y mágico espejo del desierto
y navegas apacible en las suaves olas del tiempo.
Piedra milenaria, has sido atenta y lúcida viajera
testigo fiel del tiempo que ha dejado su huella en ti
por vientos y tempestades que removieron todo tu ser
y los llantos de luna que fueron minando tu existir.
Piedra milenaria, tú soportaste toda clase de dificultades
sufriste en tu alma triste y encogida las miserias sin fin
soportaste estoicamente la insensata acción del hombre
soportaste estoicamente la insensata acción del hombre
pero nada pudo alterar tu inquebrantable voluntad de vivir.
Vetusta piedra milenaria, admirada por todo el universo
eres fiel reflejo de su carácter y esencia infinitos
de constante y solidaria energía de la sabia creación
y de un promisorio futuro en paz y libre de peligros.
Yo quisiera ser como tú, admirada piedra prehistórica
conservar el aroma y la esencia que me regaló el Creador
continuar siempre con fe y determinación mi sendero
salvando las cordilleras y simas de la vida con pasión.
Yo quisiera ser como tú, con esperanza en el futuro:
todos somos Uno en nuestro denostado universo
y aportamos con fe cada pensamiento, palabra y acción
para pintar el planeta azul en el más espléndido lienzo.
Texto: Juan Antonio Quintana
Foto: MABUT
Texto: Juan Antonio Quintana
Foto: MABUT
domingo, 12 de diciembre de 2010
Discurso de Vargas Llosa, Premio Nobel: "Elogio de la lectura y la ficción"
Mario Vargas Llosa pronunció su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura 2010 que le concedió la Academia sueca de Estocolmo, en el cual hace un recorrido desde que empezó a escribir las primeras historias hasta hoy día en el que recoge tan importante galardón. Cuenta la dificultad de llegar a ser conocido en muchos países del mundo como lo son muchos y buenísimos escritores anónimos, habló de su Perú natal y de España, que lo acogió con los brazos abiertos y que sin esa circunstancia dificilmente hubiera llegado hasta donde se encontraba ahora, y del agradecimiento emocionado a su esposa. También hace una disección de su evolución ideológica y una condena a las dictaduras de cualquier índole y a los fanatismos religioso e ideológico.
Su lectura es un regalo para los amantes de la literatura.
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
Para leer el discurso completo:
http://estaticos.elmundo.es/documentos/2010/12/07/vargas_llosa.pdf
© FUNDACIÓN NOBEL 2010
Su lectura es un regalo para los amantes de la literatura.
Aprendí a leer a los cinco años, en la clase del hermano Justiniano, en el Colegio de la Salle, en Cochabamba (Bolivia). Es la cosa más importante que me ha pasado en la vida. Casi setenta años después recuerdo con nitidez cómo esa magia, traducir las palabras de los libros en imágenes, enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del tiempo y del espacio y permitiéndome viajar con el capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino, luchar junto a d’Artagnan, Athos, Portos y Aramís contra las intrigas que amenazan a la Reina en los tiempos del sinuoso Richelieu, o arrastrarme por las entrañas de París, convertido en Jean Valjean, con el cuerpo inerte de Marius a cuestas.
La lectura convertía el sueño en vida y la vida en sueño y ponía al alcance del pedacito de hombre que era yo el universo de la literatura. Mi madre me contó que las primeras cosas que escribí fueron continuaciones de las historias que leía pues me apenaba que se terminaran o quería enmendarles el final. Y acaso sea eso lo que me he pasado la vida haciendo sin saberlo: prolongando en el tiempo, mientras crecía, maduraba y envejecía, las historias que llenaron mi infancia de exaltación y de aventuras.
Me gustaría que mi madre estuviera aquí, ella que solía emocionarse y llorar leyendo los poemas de Amado Nervo y de Pablo Neruda, y también el abuelo Pedro, de gran nariz y calva reluciente, que celebraba mis versos, y el tío Lucho que tanto me animó a volcarme en cuerpo y alma a escribir aunque la literatura, en aquel tiempo y lugar, alimentara tan mal a sus cultores. Toda la vida he tenido a mi lado gentes así, que me querían y alentaban, y me contagiaban su fe cuando dudaba. Gracias a ellos y, sin duda, también, a mi terquedad y algo de suerte, he podido dedicar buena parte de mi tiempo a esta pasión, vicio y maravilla que es escribir, crear una vida paralela donde refugiarnos contra la adversidad, que vuelve natural lo extraordinario y extraordinario lo natural, disipa el caos, embellece lo feo, eterniza el instante y torna la muerte un espectáculo pasajero.
No era fácil escribir historias. Al volverse palabras, los proyectos se marchitaban en el papel y las ideas e imágenes desfallecían. ¿Cómo reanimarlos? Por fortuna, allí estaban los maestros para aprender de ellos y seguir su ejemplo. Flaubert me enseñó que el talento es una disciplina tenaz y una larga paciencia. Faulkner, que es la forma –la escritura y la estructura– lo que engrandece o empobrece los temas. Martorell, Cervantes, Dickens, Balzac, Tolstoi, Conrad, Thomas Mann, que el número y la ambición son tan importantes en una novela como la destreza estilística y la estrategia narrativa. Sartre, que las palabras son actos y que una novela, una obra de teatro, un ensayo, comprometidos con la actualidad y las mejores opciones, pueden cambiar el curso de la historia. Camus y Orwell, que una literatura desprovista de moral es inhumana y Malraux que el heroísmo y la épica cabían en la actualidad tanto como en el tiempo de los argonautas, la Odisea y la Ilíada.
Si convocara en este discurso a todos los escritores a los que debo algo o mucho sus sombras nos sumirían en la oscuridad. Son innumerables. Además de revelarme los secretos del oficio de contar, me hicieron explorar los abismos de lo humano, admirar sus hazañas y horrorizarme con sus desvaríos. Fueron los amigos más serviciales, los animadores de mi vocación, en cuyos libros descubrí que, aun en las peores circunstancias, hay esperanzas y que vale la pena vivir, aunque fuera sólo porque sin la vida no podríamos leer ni fantasear historias.
Algunas veces me pregunté si en países como el mío, con escasos lectores y tantos pobres, analfabetos e injusticias, donde la cultura era privilegio de tan pocos, escribir no era un lujo solipsista. Pero estas dudas nunca asfixiaron mi vocación y seguí siempre escribiendo, incluso en aquellos períodos en que los trabajos alimenticios absorbían casi todo mi tiempo. Creo que hice lo justo, pues, si para que la literatura florezca en una sociedad fuera requisito alcanzar primero la alta cultura, la libertad, la prosperidad y la justicia, ella no hubiera existido nunca. Por el contrario, gracias a la literatura, a las conciencias que formó, a los deseos y anhelos que inspiró, al desencanto de lo real con que volvemos del viaje a una bella fantasía, la civilización es ahora menos cruel que cuando los contadores de cuentos comenzaron a humanizar la vida con sus fábulas. Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola
Sin las ficciones seríamos menos conscientes de la importancia de la libertad para que la vida sea vivible y del infierno en que se convierte cuando es conculcada por un tirano, una ideología o una religión. Quienes dudan de que la literatura, además de sumirnos en el sueño de la belleza y la felicidad, nos alerta contra toda forma de opresión, pregúntense por qué todos los regímenes empeñados en controlar la conducta de los ciudadanos de la cuna a la tumba, la temen tanto que establecen sistemas de censura para reprimirla y vigilan con tanta suspicacia a los escritores independientes. Lo hacen porque saben el riesgo que corren dejando que la imaginación discurra por los libros, lo sediciosas que se vuelven las ficciones cuando el lector coteja la libertad que las hace posibles y que en ellas se ejerce, con el oscurantismo y el miedo que lo acechan en el mundo real. Lo quieran o no, lo sepan o no, los fabuladores, al inventar historias, propagan la insatisfacción, mostrando que el mundo está mal hecho, que la vida de la fantasía es más rica que la de la rutina cotidiana. Esa comprobación, si echa raíces en la sensibilidad y la conciencia, vuelve a los ciudadanos más difíciles de manipular, de aceptar las mentiras de quienes quisieran hacerles creer que, entre barrotes, inquisidores y carceleros viven más seguros y mejor.
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
Como todas las épocas han tenido sus espantos, la nuestra es la de los fanáticos, la de los terroristas suicidas, antigua especie convencida de que matando se gana el paraíso, que la sangre de los inocentes lava las afrentas colectivas, corrige las injusticias e impone la verdad sobre las falsas creencias. Innumerables víctimas son inmoladas cada día en diversos lugares del mundo por quienes se sienten poseedores de verdades absolutas. Creíamos que, con el desplome de los imperios totalitarios, la convivencia, la paz, el pluralismo, los derechos humanos, se impondrían y el mundo dejaría atrás los holocaustos, genocidios, invasiones y guerras de exterminio. Nada de eso ha ocurrido. Nuevas formas de barbarie proliferan atizadas por el fanatismo y, con la multiplicación de armas de destrucción masiva, no se puede excluir que cualquier grupúsculo de enloquecidos redentores provoque un día un cataclismo nuclear. Hay que salirles al paso, enfrentarlos y derrotarlos. No son muchos, aunque el estruendo de sus crímenes retumbe por todo el planeta y nos abrumen de horror las pesadillas que provocan. No debemos dejarnos intimidar por quienes quisieran arrebatarnos la libertad que hemos ido conquistando en la larga hazaña de la civilización. Defendamos la democracia liberal, que, con todas sus limitaciones, sigue significando el pluralismo político, la convivencia, la tolerancia, los derechos humanos, el respeto a la crítica, la legalidad, las elecciones libres, la alternancia en el poder, todo aquello que nos ha ido sacando de la vida feral y acercándonos –aunque nunca llegaremos a alcanzarla– a la hermosa y perfecta vida que finge la literatura, aquella que sólo inventándola, escribiéndola y leyéndola podemos merecer. Enfrentándonos a los fanáticos homicidas defendemos nuestro derecho a soñar y a hacer nuestros sueños realidad.
Para leer el discurso completo:
http://estaticos.elmundo.es/documentos/2010/12/07/vargas_llosa.pdf
© FUNDACIÓN NOBEL 2010
martes, 30 de noviembre de 2010
Marysol Salval: Escritora chilena
La poetisa Marysol Salval canta a la vida y al amor por medio de sus poemas. Ella vivió en Huaraz, en la sierra peruana, donde convivió con los indígenas, de ahí que conozca el alma de la gente de esa tierra.
Niña Andina
Eres niña, linda flor de los Andes
Te parió tu madre y así moría
Ya tu padre en guerrillas se envolvía
Quedaste sola en un mundo de grandes.
Te sientes miserable y olvidada
En el pueblo que tu angustia cobija
Del hambre y la pena crees ser la hija
Que nació mendiga, desamparada.
En tus ojos hay lágrimas oscuras
Negras perlas que cuentan de tu vida
De la angustia de calles sin salida
Una senda regada de amarguras.
Eres libre cuando ves las montañas
Y al cóndor que se eleva en las alturas
A la llama que corre en las llanuras
Y al guanaco escondido entre las cañas.
Entonces brilla el sol en tu mirada
Se iluminan las piedras del camino
Ya eres llama que pasta su destino
Ya eres cóndor al cielo liberada.
Eres huérfana andina, piel morena
Que aprendió a olvidar las noches malas
En la cima el viento canta en tus alas
Dulce arrullo que brota de la quena.
Dios te hará mujer bella, esplendorosa
Tus manos tejerán mejor futuro
Derribarás de la miseria el muro
Volarás alto, libre y orgullosa.
Marysol Salval se acerca al alma humana y describe sus penas, sus alegrías y sus emociones, y tiende puentes con la solidaridad, la compasión y el amor.
Si te dicen que he caído
Si te dicen que he caído
Como cae una piedra rodada en el río
Si te cuentan que hundida me vieron
Cubierta hasta el cuello en légamo frío
No me crucifiques como en Esquilino
Se crucificaba al criminal vencido.
No des vuelta el rostro sin oír primero
Que el tropiezo puede ser el yunque
Donde el golpe seco del padecimiento
Amalgame inclemente un cruel destino.
Si te dicen que he caído
Si tú has sabido que estoy en el fondo
Malaventurada, sedienta en la sombra
Bramando en la orilla como ciervo herido
No me des la espalda, no cierres los ojos
Como el despiadado que no ha concebido
Que el camino es largo y larga es la vida
Que no todo tiene el color de la espiga
A veces se oculta la luz de la aurora
Y te arrastra el fango tras una quimera.
Si te cuentan que hundida me vieron
Solitaria, perdida, sin rumbo alguno
Piénsalo un momento tan sólo te pido
Y no me señales con dedo extendido.
Yo estoy de rodillas, sé que he caído
Pero quizás mañana desde la ignominia
Pueda levantarme con la frente erguida
Renacer del cieno que ahogó mi lumbre
Y preñada de luz frente al horizonte
Retome la huella que había perdido
Para empezar de nuevo
a andar el camino.
© - Marysol Salval
La poetisa María Soledad Salazar Valenzuela (literariamente conocida como Marysol Salval) nació en Villa Carlos Paz, Córdoba, República Argentina el 30 de enero de 1960. Sus padres se trasladaron a Arequipa, Perú, cuando apenas contaba un año de vida. Con siete acompañó a su familia a su nuevo hogar en la ciudad de Lima, donde vivió hasta hace quince años en que se mudó a la zona de Villarrica-Pucón, en La Araucanía, Chile. Cuenta con la nacionalidad argentina por haber nacido allí, la española por su padre y la chilena por su madre. Publicó un libro de poemas junto con Juan Antonio Quintana en el 2004. Desde entonces no ha dejado de publicar en Comunidades literarias y en blogs numerosos poemas y textos en prosa. Tiene preparados dos libros de poemas para su publicación, uno de ellos de haikus y haigas. Varios poemas suyos han recorrido la red desde el primer momento como son "Si me ves cansada", "Quédate" y "Alzheimer" entre otros.
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Si te dicen que he caído
martes, 16 de noviembre de 2010
En el último mínuto ¡El gol de su vida! (Minirrelato)
El domingo se celebraba el partido más importante del año, el de rivalidad con el otro equipo de la ciudad. Todos estaban en tensión. Llegó la hora del encuentro, el estadio era un hervidero de gente. En el campo se respiraba un ambiente muy caldeado, muchas fricciones y decisiones polémicas del árbitro. Faltaban cinco minutos para terminar y el resultado era de empate a cero. En ese momento el entrenador del equipo local hizo un cambio, dio entrada a Santiago que había estado soñando toda su vida con ese momento. Se encontraba muy excitado, como en una nube. En el último minuto se lanza un córner y Santiago se eleva sobre todos y conecta un certero cabezazo que entra por toda la escuadra. ¡Goooool! Sale corriendo a celebrarlo. Mira al cielo en acción de gracias. Entretanto, muchos jugadores corren locos de contento al centro del campo, celebrando también el gol. Entonces se da cuenta que sus compañeros se encuentran cabizbajos y es el equipo contrario el que lo estaba celebrando. ¿Qué ha sucedido? Al fin se percató: ¡Había marcado el gol en propia puerta!
domingo, 31 de octubre de 2010
Centenario del nacimiento de Miguel Hernández
Centenario del nacimiento de Miguel Hernández
El mar también elige puertos donde reír como los marineros.
El mar de los que son. El mar también elige puertos donde morir.
Como los marineros. El mar de los que fueron.
Miguel Hernández
Miguel Hernández, pastor de cabras y poeta, nació en Orihuela, provincia de Murcia, España, el 30 de octubre de 1910, por lo que celebramos hoy el Centenario de su Nacimiento.
Compartióla Residencia de Estudiantes en Madrid con Pablo Neruda, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Jorge Guillén, Pedro Salinas y Luis Cernuda; también se relacionó con otros escritores de la Generación del 27 como Rafael Alberti, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, entre otros.
Cuando estallóla Guerra Civil en España, en 1936, Miguel Hernández se alistó para defender a la Republica y la libertad. Fue hecho prisionero por las fuerzas de Franco y falleció de tuberculosis en prisión en 1942, a los 31 años de edad.
Miguel Hernández dedicó a su amigo Ramón Sijé la más hermosa y conmovedora elegía jamás escrita sobre la muerte y la vida.
Compartió
Cuando estalló
Miguel Hernández dedicó a su amigo Ramón Sijé la más hermosa y conmovedora elegía jamás escrita sobre la muerte y la vida.
ELEGÍA
En Orihuela, su pueblo y el mío,
se me ha muerto como del rayo
Ramón Sijé, a quien tanto quería.
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
.
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
.
.Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
.
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
.
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
.
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
.
A las aladas almas de las rosas
de almendro de nata te requiero:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.
(De su libro El rayo que no cesa)
10 de enero de 1936
De él escribió Vicente Aleixandre:
«Era puntual, con puntualidad que podríamos llamar del corazón. Quien lo necesitase a la hora del sufrimiento o de la tristeza, allí le encontraría, en el minuto justo. Silencioso entonces, daba bondad con compañía, y su palabra verdadera, a veces una sola, haría el clima fraterno, el aura entendedora, sobre la que la cabeza dolorosa podría reposar, respirar. Él, rudo de cuerpo, poseía la infinita delicadeza de los que tienen el alma no sólo vidente, sino benevolente. Su planta en la tierra no era la del árbol que da sombra y refresca. Porque su calidad humana podía más que todo su parentesco, tan hermoso con la Naturaleza.
Era confiado y no aguardaba daño. Creía en los hombres y esperaba en ellos. No se le apagó nunca, no, ni en el último momento, esa luz que por encima de todo, trágicamente, le hizo morir con los ojos abiertos.» (En La Obra Poética de Miguel Hernández, de José Antonio Serrano Segura)
Es interesantísimo leer en Orihuela Digital, Punto de Vista, Mi rincón oriolanao, que escribe Ramón Fernández Palmeral, escritor, poeta e investigador: Introducción a la elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández). Lo recomiendo a los amantes de la Literatura y de la Historia.
http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/ramon_fernandez_ramon_sije_201205.htm
Es interesantísimo leer en Orihuela Digital, Punto de Vista, Mi rincón oriolanao, que escribe Ramón Fernández Palmeral, escritor, poeta e investigador: Introducción a la elegía a Ramón Sijé, de Miguel Hernández). Lo recomiendo a los amantes de la Literatura y de la Historia.
http://www.orihueladigital.es/orihuela/puntos/ramon_fernandez_ramon_sije_201205.htm
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Miguel Hernández
sábado, 30 de octubre de 2010
Cita con su esposa (Microrrelato)
El caballero se encontraba en su casa, ensimismado, pensando en su próximo viaje. Tenía prisa por llegar, pues María, su esposa, le esperaba. Se despidió de su nana que le deseó un feliz viaje. Tomó su coche y paró un momento para llamarla, pero no le contestó. Estaba emocionado pensando en el reencuentro. Luego se dirigió raudo hacia el aeropuerto, pero antes se desvió y enfiló hacia la montaña donde se despeñó para encontrarse con ella, que había fallecido una semana antes.
Juan Antonio Quintana
Foto tomada de la red
domingo, 27 de septiembre de 2009
Genios en el anonimato
Walt Whitman publicó mil ejemplares de su libro de poemas "Hojas de hierba", en 1.855, con mucho sacrificio. Regaló unos cuantos y vendió muy pocos.La crítica no le era favorable hasta que Ralph Waldo Emerson, poeta, filósofo y ensayista leyó su libro y quedó encantado con él, escribiéndole una carta animándolo a seguir. Eso le dio ánimo para continuar escribiendo y fue el preludio de una larga carrera de éxito como escritor.
La misma obra fue publicada en innumerables ocasiones revisándola y ampliándola, la última y definitiva en 1.892, llegando a ser uno de los libros de poemas más considerados de Estados Unidos de Norteamérica.
Yo me quedé encantado con su lectura que tuvo lugar hace muchos años, recibiendo mucha influencia de él.

“La conjura de los necios” fue escrita por John Kennedy Toole en 1.962, mientras realizaba el servicio militar en Puerto Rico.
Toole solicitó su publicación a varias editoriales, pero siempre fue rechazada. El autor, desesperado, se suicidó. Su madre, creyendo en el valor de la novela de su hijo, insistió ante varias editoriales, pero nunca tuvo éxito. Hasta que le rogó al escritor Walker Percy que la leyera. A duras penas consiguió que le echara un vistazo a las primeras hojas. Se quedó tan entusiasmado que continuó leyéndola y al final quedó maravillado por el valor de la obra.
Finalmente, fue publicada consiguiendo el Premio Pulitzer de 1.981, siendo una de las novelas más vendidas en varios países durante un tiempo.
El título de la obra proviene de una cita de Jonathan Swift, escritor satírico irlandés: “Cuando aparece un genio lo reconoceréis porque todos los necios se conjuran contra él”.
He releído el libro tres veces, pues desde el principio me pareció una obra genial.
.
Estos dos ejemplos nos permiten percatarnos de la dificultad de publicar si no se tiene apoyo, quedando muchos escritores, y artistas en general, sin poder dar a conocer su obra por falta de medios.
¡Cuántos genios se habrán quedado en el camino, sin desarrollar su potencial
Ojalá que haya organismos o mecenas que les ayuden, pues aportan un beneficio para la humanidad.
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lunes, 14 de septiembre de 2009
El silencio nos acompaña

Me tiendo en el parque
sobre el verde césped
y me sumerjo en el silencio.
.
El silencio nos acompaña
caricia del alma
melodía de la nada
viaje sin equipaje
brisa fresca de la mañana
sueños sin dueño
dulce canto para el espíritu
que nos embelesa,
es vuelo sin alas
ingrávido y en inmensa paz.
.
Retorna la fresca lluvia
que nos acaricia la cara
volvemos al mundo
de las flores y de las aves
de los niños que juegan
con sus sonrisas al viento.
.
.
Foto tomada de la red
jueves, 3 de septiembre de 2009
La luz que llevas dentro

La luz la llevas dentro
en el fondo de tu alma
deja que la traslade el viento
y que alegre el corazón del que clama.
Dell que clama en busca de su vida
del que clama en busca de su amor
del que clama por su salud perdida
tu luz les libra de la tristeza y del dolor.
Tu luz traspasará continentes y mares
traspasará extensos valles y altas montañas
llegará hasta los más recónditos lugares
iluminará muchos espíritus y almas.
La luz del Universo no se apaga
millones de puntos de luz lo iluminan
es infinita la intensa luz que se propaga
y que alegra a todos los que caminan.
en el fondo de tu alma
deja que la traslade el viento
y que alegre el corazón del que clama.
Dell que clama en busca de su vida
del que clama en busca de su amor
del que clama por su salud perdida
tu luz les libra de la tristeza y del dolor.
Tu luz traspasará continentes y mares
traspasará extensos valles y altas montañas
llegará hasta los más recónditos lugares
iluminará muchos espíritus y almas.
La luz del Universo no se apaga
millones de puntos de luz lo iluminan
es infinita la intensa luz que se propaga
y que alegra a todos los que caminan.
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Foto tomada de la red
jueves, 20 de agosto de 2009
Vuelo del alma

Una nube cruzó por mi mente
nubló mi vista
ensombreció mi alma
hizo llorar a mi corazón.
Todo era negro
mis pasos eran pesados
mi vista dirigida al suelo
mi alma se desangraba de dolor.
Quería huir de la hecatombe
en que se había convertido mi vida
necesitaba verla desde otra perspectiva
nubló mi vista
ensombreció mi alma
hizo llorar a mi corazón.
Todo era negro
mis pasos eran pesados
mi vista dirigida al suelo
mi alma se desangraba de dolor.
Quería huir de la hecatombe
en que se había convertido mi vida
necesitaba verla desde otra perspectiva
y encontrar la nube blanca de la esperanza.
Tomé mi mochila
con mi cantimplora
y mi libro de meditación
y me dirigí hacia las montañas.
Era un crudo invierno
necesitaba respirar en profundidad
el aire puro de la Naturaleza
y escuchar su palpitar.
Caminé por valles y montañas
hasta llegar a la cordillera.
Nevaba copiosamente
los árboles nevados y las aves me daban su energía.
Pero poco a poco me quedaba sin fuerzas
me costaba caminar y respirar
aunque continuaba, aun arrastrándome.
¿Hacia dónde me dirigía y con qué fin?
Me daba ánimo, no podía claudicar
ante las dificultades
musitaba la canción del peregrino:
“Señor mío y Dios mío, ten misericordia de mí”.
Llegó el temido momento en que mis pies no respondían
pero mi alma estaba en contacto con Dios
y con todas las fuerzas de la Naturaleza
y no podía cerrar los ojos del alma.
Mi respiración se hacía cada vez más débil
sólo las aves me acariciaban la cara
para que no perdiera la conciencia.
No claudicaré. No, no, no. Jamás lo haré.
Pero mis ojos no obedecieron. ¡Y fue el fin!
Tomé mi mochila
con mi cantimplora
y mi libro de meditación
y me dirigí hacia las montañas.
Era un crudo invierno
necesitaba respirar en profundidad
el aire puro de la Naturaleza
y escuchar su palpitar.
Caminé por valles y montañas
hasta llegar a la cordillera.
Nevaba copiosamente
los árboles nevados y las aves me daban su energía.
Pero poco a poco me quedaba sin fuerzas
me costaba caminar y respirar
aunque continuaba, aun arrastrándome.
¿Hacia dónde me dirigía y con qué fin?
Me daba ánimo, no podía claudicar
ante las dificultades
musitaba la canción del peregrino:
“Señor mío y Dios mío, ten misericordia de mí”.
Llegó el temido momento en que mis pies no respondían
pero mi alma estaba en contacto con Dios
y con todas las fuerzas de la Naturaleza
y no podía cerrar los ojos del alma.
Mi respiración se hacía cada vez más débil
sólo las aves me acariciaban la cara
para que no perdiera la conciencia.
No claudicaré. No, no, no. Jamás lo haré.
Pero mis ojos no obedecieron. ¡Y fue el fin!
.
.No se asuste, Señor, me musitó un luminoso ser
que sonriente me acompañaba.
Ante mi mirada atónita, me dijo:
Lleva usted una semana delirando
hablando con el Padre
y con todos sus antepasados.
¿Y usted quién es?- le pregunté.
Yo soy su ángel de la guarda
que desde pequeño le he cuidado
y lo seguiré haciendo hasta el fin.
Vuelva a su senda
piense que usted es muy valioso
y que tiene una importante misión.
Dé el inmenso amor que anida en su corazón
y le hablará la luz del cielo, del mar y la sonrisa de su gente.
.
Dedicado a todos los que se encuentran en una situación desesperada para que no olviden que Dios y la inmensa fe en ellos mismos les harán encontrar una salida. A veces se ve todo tan negro que quisiéramos abandonar la lucha, pero la fe mueve montañas. Y ustedes lo conseguirán.
.
Fotos Juan Antonio
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(Cordillera de los Andes)
miércoles, 8 de abril de 2009
Ha llegado el otoño
Llega el otoño
el frio y las tardes melancólicas
multicolor alfombra de hojas
el árbol se queda vacío
ha perdido sus adornos
su frescura y su fragancia.
Pero nos permite disfrutar
de la esencia de los árboles
de su perfecta estructura
el olor a tierra mojada
caminar bajo la fina lluvia
chapoteando en los charcos.
A nosotros nos sucede lo mismo
después de la divertida etapa juvenil
entramos en una de responsabilidades
de trabajo, a veces agobiante
de correr detrás del tiempo
en busca de la quimera de la felicidad.
Cuando llega el otoño a nuestras vidas
es momento de reflexión
de disfrutar de lo que nos ofrece la Naturaleza
de los pequeños regalos que cada día se nos presentan
jugar con los niños pequeños
la plácida lectura de un libro
o la composición de un breve poema.
Gozar de la vida en familia
charlar gratamemente con los amigos
y agradecer en todo momento
la salud y felicidad que nos acompaña.
Llegó el otoño. Vivámoslo plenamente.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
¡Qué concierto más espléndido!
Anteayer asistí a un maravilloso concierto. El inmenso teatro se encontraba en total silencio. El escenario preparado desde hacía unas horas. Los focos a media luz para no desconcentrar al grupo que iba a actuar. Yo me encontraba en primera fila, ansioso por el tiempo de espera, por la grandeza del momento, por la majestuosidad del lugar.El escenario tenía como fondo unos enormes árboles nativos, con unas copas tan altas que acariciaban a la Luna, que estaba en cuarto menguante, y a los planetas Venus y Júpiter, que se encontraban en conjunción, muy cerca el uno del otro, y junto con la Luna formaban un triángulo isósceles en el nítido cielo estrellado.
De repente empieza el concierto. Primero suavemente, sólo unos pocos cantaban, mientras los otros observaban. Poco a poco subía el tono y la cantidad de voces que ascendían hasta perderse detrás de las más altas nubes. Emitían unos sonidos tan musicales, con tanta armonía, que quedamos prendados, nuestras almas vibraban con sus melodías.
Era el más grande concierto de pájaros que nunca había escuchado. En el silencio de la noche permanecimos largo tiempo escuchando, ellos no se cansaban de regalarnos sus canciones, sus solos, su magia.
Mi acompañante y yo les retribuimos con todo nuestro cariño y ellos, en agradecimiento, prometieron repetir el concierto al día siguiente.
Poco a poco se fueron apagando sus voces, pero no sus vibraciones positivas que todavía nos inundaban.
La Luna y los planetas se ocultaron detrás de las montañas, las estrellas se fueron a dormir y nosotros quedamos felices agradeciendo al Creador por tan maravilloso regalo en esta cálida noche de primavera.
Poco a poco se fueron apagando sus voces, pero no sus vibraciones positivas que todavía nos inundaban.
La Luna y los planetas se ocultaron detrás de las montañas, las estrellas se fueron a dormir y nosotros quedamos felices agradeciendo al Creador por tan maravilloso regalo en esta cálida noche de primavera.
Foto: Google
jueves, 27 de noviembre de 2008
Hoy quiero que sepas

Hoy quiero escucharte
sonreír junto a ti
olvidar el pasado
disfrutar del presente
tomar la vereda de la vida
en un abrazo fraternal.
Hoy quiero que nos arrulle el sol
que nos acaricie la brisa
que nos alegre el canto de los pájaros
que hablen nuestras almas
que nuestros ojos se contagien
del amor de la Naturaleza.
Hoy quiero que sepas
todo lo que significas para mí
que somos Uno
que tu dolor es mi dolor
que tu alegría endulza mi alma
y que tu mirada y la mía se dirigen al cielo.
Hoy quiero que sepas
que te amo, amiga del alma.
.
Foto: Banco de imágenes gratuitas.
lunes, 3 de noviembre de 2008
Amor en libertad

Libertad, sublime palabra.
¿Cómo podremos ser libres?
Nos condicionan las emociones
y los sentimientos de nuestra rosa.
Tal vez no la acariciamos como a ella le gustaría.
Quizás no le sonreímos como ella prefiere,
o no la cuidamos como a ella le place.
Nosotros nos quejamos que pierde su olor de noche
que algunas veces nos pinchamos con sus espinas.
Libertad de corazón abierto
de mujer enamorada del amor
de mujer en busca de su destino
destino incierto.
Expulsa de tu mente el pasado
los falsos amores
los amores frustrantes
las reconciliaciones
los miedos, los temores, las falacias
limpia todo resquicio del pasado
eso es lo que entorpece nuestro avance
es lo que ennegrece nuestra alma.
¡Qué bella sería la vida
disfrutando de un alma nueva, mente nueva
y nuevos encuentros, nuevas emociones!
Pero llegará la primavera a tu alma
florecerán las más lindas flores en tu jardín
sonreirás al viento, al mar
llegarán a tu ventana nuevas golondrinas
que te harán feliz
que te llevarán por el camino
de la armonía, de la paz y del amor.
Para ver foto original:
flickr.com/photos/25955985@N03/2468691570/
martes, 7 de octubre de 2008
La espera
Foto GoogleCaminaba por la arboleda
la brisa hacía bailar a las hojas
y éstas caían y eran pisadas
por los niños que jugaban.
Pensé que lo mismo sucedía
con mis expectativas de encontrarte
después de muchos años
llegaba el encuentro decisivo.
Y se durmió la tarde
y quedé esperando por tu regreso.
Pasaron horas y no llegabas
ilusiones perdidas, corazón roto.
Llegó la noche,
como boca de lobo
y entre las tinieblas
mi pensamiento voló hacia ti
pero tú no estabas.
Y llegó la mañana,
un nuevo día
con nuevas esperanzas
nuevas alegrías y proyectos.
Temo que llegue de nuevo la tarde
pues reaparecerán las sombras
y las amargas incertidumbres
que oscurecen mi alma.
Algún día amanecerá
con luz intensa
y nunca oscurecerá
porque estarás tú.
domingo, 28 de septiembre de 2008
LIbros que quedan en la memoria
Gabriel García MárquezHe leído muchos libros, menos de los que yo quisiera haber leído. Éstos son los que, por una razón u otra, quedaron en mi mente como los más destacados:
Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Me pareció una novela deliciosa, escrita en prosa poética. Todo una obra maestra.
Los pilares de la tierra, de Ken Follet. Novela histórica ambientada en Inglaterra en la época de la Edad Media. Viví su lectura tan intensamente que me parecía que yo ya había vivido en ese tiempo en aquel país.
El alquimista, de Paulo Coelho. Y casi todos los demás libros de él. Me gusta su estilo y su filosofía.
La conjura de los necios, de John Kennedy Toole. Nadie quiso publicarle la obra, por lo que se suicidó. Su madre logró finalmente que fuera publicada. Su lectura amena, disparatada y divertida fue todo un goce para mí.
Tal vez haya otros libros que me hayan gustado mucho, como es la trilogía Océano, Yaiza y Maradentro, de Vázquez de Figueroa, o el librito Seda, de Alessandro Baricco, pero me quedo con los citados al principio.
¿Cuáles son los libros que se te quedaron grabados como los más destacados?
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