Estos últimos días la Naturaleza transformó los días lluviosos y fríos en unos días soleados, en el que los pájaros alegran las mañanas, los vecinos salen a sus patios a disfrutar de la Naturaleza y Drako, mi pastor alemán juega con los queltehues, aves endémicas de Chile.
Me fui al lago a pasear y me encontré con un campesino que me contó que el volcán Villarrica erupcionó en el 1971, y que lo cogió desprevenido en el vecino pueblo de Coñaripe, mientras visitaba a unos parientes, pero que a pesar de la magnitud de la erupción, pudo salir ileso.
-¿Y no tiene miedo de vivir en esta zona, cerca del volcán?- le pregunté.-
No, sólo le tengo respeto. Fíjese usted que aquí vivieron los padres de mis padres, mis padres y yo. - Y prosiguió: -Aquí seguiré viviendo junto a mis hijos y los hijos de ellos, a pesar de que hemos sufrido varias erupciones.
Me alejé pensando en el ser humano que se asienta en los cauces de los barrancos, cerca de los volcanes y en los sitios donde ha habido hecatombes naturales, y no aprenden, sabiendo fehacientemente que algún día se produicirá otras desgracias en la zona donde viven.
Entonces me pregunto:
-¿Qué tan inteligente es el hombre?-
-¿Vivirías en una zona de riesgo donde se hayan producido fenómenos naturales catastróficos?








