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sábado, 14 de mayo de 2011
A mí me encanta, ¿y a ti?
Cada vez que gozamos de un espectáculo de la naturaleza, de la lectura de un libro o de un descubrimiento que nos ha parecido genial, nos quedamos tan felices si lo compartimos con nuestros familiares, amigos o con cualquier persona que creemos que les será de utilidad y de gozo como lo ha sido para nosotros.
No obstante, muchas veces nos llevamos sorpresas al preguntarles si les había gustado lo que les habíamos mostrado con respuestas como: -"No he tenido tiempo de leerlo". - "Es demasiado extenso el libro. -"No he tenido oportunidad de ir a verlo"...
Nos quedamos soprendidos del poco aprecio por nuestra recomendación mostrado por nuestros interlocutores, a pesar de poner nuestro interés en mostrarles la importancia y gran utilidad que podría tener para ellos lo que les estamos proponiendo.
Después de reflexionar sobre el asunto, pienso que, a pesar de elegir a personas que en la práctica les podría interesar, para que pudieran aplicar las nuevas teorías con el fin de mejorar sus relaciones familiares, sociales o empresariales, o en cualquier otro aspecto como en los negocios, deportes u ocio, no todos tienen el mismo grado de evolución mental ni los mismos intereses, o bien sus preocupaciones no les permiten centrarse en otra asuntos que no sean sus dificultades.
¿Crees que deberíamos compartir con los demás esas joyas que alguna vez llegan hasta nosotros o deberíamos esperar a que alguien nos lo pida directamente?
lunes, 4 de abril de 2011
Con amor el camino se hace más llano para todos
Cierto día a una señora, que había pasado años sirviendo el almuerzo a los hombres de su casa, se le ocurrió servirles heno. Al cabo de un rato llegaron ellos con el acostumbrado jolgorio y quedaron estupefactos al observar lo que había en sus platos, y no la acostumbrada y exquisita comida que su esposa y madre les preparaba.
Se miraron unos a los otros sin pronunciar ni una palabra, no sabían qué decir. Pensaban que ella se había vuelto demente. Sería muy extraño eso, pues por la mañana les había preparado el opíparo desayuno antes de marchar al duro trabajo.
Por fin dirigieron sus miradas a la señora que se encontraba en medio de la estancia con los brazos en jarras, la cual les miraba tranquilamente esperando su reacción. Al fin inquirieron:
-¿Este es nuestro almuerzo de hoy? Esto comen los animales.
A lo que ella respondió:
Llevo más de veinte años sirviéndoles y nunca me dijeron nada, por lo que creí que ni se darían cuenta.
Avergonzados bajaron la cabeza y se dirigieron a ella abrazándola y besándola en señal de arrepentimiento por no haber sido considerados con ella durante tanto tiempo.
A ella lo hubiera encantado que le dijeran que les gustaba la comida, y que le agradecieran por haberles servido.
¿Cuántas veces pasamos sin agradecer por lo que nos hacen, no pedimos las cosas por favor, ni nos disculpamos por una ofensa que hayamos inferido a alguien?
Siempre es tiempo de cambio, debemos tratar bien a nuestros familiares, amigos, vecinos y empleados. Son seres humanos que necesitan de tu aprecio y consideración para vivir una existencia en paz, con tranquilidad y amor. Conseguirás más de ellos tratándolos con amor que con desconsideración y desprecio.
En vez de criticar a la gente, intentemos comprenderla, pues ésta está ávida de aliento y no que la hundamos con nuestros reproches.
Foto de Google
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